EL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE LOS
EJERCICIOS DE SAN IGNACIO

"El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios muestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la Tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto lo impidan. Por lo cual, es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que es concedido a nuestro libre albedrío, y no le esta prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte, mas salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo damas; solamente deseando y eligiendo lo que mas nos conduce para el fin que somos creados" (18).
Ese hecho, que San Ignacio expone escuetamente, como un dato básico inicial, que debe encararse por todo ser humano, desde el primero, se presenta en su dimensión teológica en los documentos del Concilio:
"El Concilio Vaticano II... tiene presente... el mundo... fundado y conservado por el amor de un Creador; puesto, ciertamente, bajo la esclavitud del pecado, pero liberado por Cristo, quien, con su crucifixión y resurrección, quebranto el poder del Maligno para que el mundo se transforme según el designio divino y llegue a su consumación" (19).
Ello actualiza el concepto con dos hechos básicos en la historia del hombre: el pecado de nuestros primeros padres, que nos gravo con el pecado original, y la Redención de Nuestro Señor Jesucristo, que restauro la vocación del hombre para su salvación.
Entrados en los Ejercicios, el peligro ahora es confundir la indiferencia, que es el objetivo por excelencia durante la vida terrenal, con la apatía de no reaccionar frente a la problemática del pecado y de la propia conversión, separándonos, por omisión, del plan de Dios respecto a nuestra salvación.

(18) San Ignacio de Loyola, op.cit., pag. 25.
(19) Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, 2.