CAPITULO III.
COMIENZO DE LOS EJERCICIOS

ORACIÓN PARA EL ACTO DE COMENZAR LOS EJERCICIOS (17)

DIRECTOR: Señor Jesús: aquí tienes a este grupo de ejercitantes. Aquí están, Tu los has traído, Señor. Tu sabes como vienen y por que vienen; mejor que ellos, Señor, Tu conoces su corazón, sus pasiones, su ceguera, sus resistencias, sus problemas todos. Conoces su debilidad, conoces ese temor y preocupación que ahora les embarga al comienzo de algo que les cuesta, de estos días que temieron y desearon a la vez, de este retiro tan poco atractivo a la naturaleza. Pero recuerda Señor, aquellas maravillas obradas por tu poder y tu corazón sobre las muchedumbres de enfermos que se acercaban a Ti pidiendo un milagro. Estos también son enfermos del espíritu, unos ciegos, otros paralíticos, otras leprosos, otros muertos: ellos también se acercan a Ti ansiosos, ellos también te piden el milagro. Saben lo que son los Ejercicios: una purificación total de sus vidas, tan dañadas por el mundo fatal que les rodea, un como bautismo nuevo de gracia y de virtud, para conseguir después esa iluminación espléndida y definitiva que les haga conocer tu voluntad sobre el curso de sus existencias. Y vienen a orar, a clamar a Ti llenos de angustia y de confianza: “Señor, Señor, ten misericordia...” Vienen a implorar perdón, a demandarte vida; vienen a hacer penitencia y vienen a recogerse totalmente en n silencio impresionante y absoluto para n oírte sino a Ti, a quien nunca pudieron oír bien por el ruido que les rodeaba; vienen a pensar, a dialogar contigo, a fortalecerse en tu contacto, a vivir junto a Ti. Y por la intercesión de San Ignacio imploran al comienzo de estos días tu bendición de acogida, bendición que nos asegure a todos que estas propicio, que tomas dirección de esta experiencia extraordinaria, que vas a hablarnos, Señor. Envíanos tu Divino Espíritu que desde el fondo nuestro corazón nos dicte tus palabras de luz y nos vivifique, y ofrece a tu Eterno Padre la oblación sincera de estos días dedicados únicamente al asunto primordial de nuestra vida: la salvación propia y la glorificación tuya, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos.
TODOS: Amén.

(17) Este acto de presentaciones de Jose Ma. de Llanos, S.J.