LA ORACIÓN
1. Consejos para orar (9)
Preparación
Oye con gran atención al P. Director cuando expone la materia de la meditación. Procura quedarte con los puntos esenciales, de modo que retengas el esquema y puedas hacer el resumen.
Mientras escuchas, vete pensando tu por dentro con gran actividad interior: de tal manera que sean dos cosas simultáneas: oír y pensar.
Antes de empezar a orar, senalate el tema o los temas de conversación que vas a tratar con Dios: si los concretas brevemente por escrito, mejor. Con precisión, con orden, con claridad.
Introducción
¿A donde vas y a qué? Vas a la oración y vas a entrar en contacto intencional y amoroso con El, vas a conversar familiarmente con quien sabes que te ama. Vas a tomar conciencia de que Dios esta contigo; vas a elevar tu alma hacia Dios para unirte con El por el afecto; vas a oír a Dios que te hable silenciosamente; vas a dejar desbordarse tu alma a impulsos de la fe, de la esperanza, del amor; vas a poner tu vivir sincronizado con el pensamiento y con la voluntad de Dios...
Eleva tu pensamiento: Dios te ve. Levanta tu corazón: Dios te ama. Ponte bajo el influjo de su mirada amorosa.
Cuando estas ante Dios, en reverencia y en amor, oras. Toda palabra dicha a Dios, cuando sale del fondo del corazón, El la escucha con amor.
Ambientación
Empieza siempre tu oración humillándote: te basta con responder pensando en tu miseria y tu pecado.
Ofrece a Dios tu oración, pídele su gracia, rectifica la orientación de tu vida: buscar a Dios.
Reconstruye la escena: trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte muy en ambiente. Hazte presente a los hechos.
Sabes que buscas en esta oración, ¿que te propones? Pídeselo a Dios de corazón.
Actuación
Trae a tu mente el tema de la conversación: Dios lee tu pensamiento y puedes hablar con El sin palabras: con sencillez, con sinceridad, en espíritu y en verdad.
Coméntalo con Dios: le cuentas la escena, le explicas la verdad de lo que se trata, te impagas de su luz y de su calor como cuando tomas e sol, te paras para contemplar el panorama como cuando subes a un monte, saboreas los efectos, te complaces en los sentimientos que Dios suscite en tu corazón.
Deja que Dios, ore en ti y contigo: réstale tu mente y tu corazón, Pide por Cristo, adora con Cristo, ama a Dios en Cristo.
Procura también unirte a toda la Santa Iglesia: a tantas almas fervorosas que oran y aman a la vez contigo y por ti.
Actitud
Toma la postura que mas te ayude: no la mas molesta, ni la mas cómoda: busca la quietud total.
No tengas prisa: ora con calma, sosegadamente, con gran paz, como quien respira a ritmo lento.
No vaciles en pedir, pero procura también adorar, agradecer, arrepentirte, desear, confiar, amar.
Supera las distracciones: no te atasques en ellas, ni te desanimes por ellas, no desistas de orar a pesar de todo.
Ejercita ante todo la voluntad, levanta tu corazón y manténlo levantado. Con afectos de esperanza: aprende a esperar contra toda esperanza. Con sentimientos de amor: ama al menos con el deseo.
Refuerza y recalienta las ideas con afectos: afectos nobles, vigorosos, sanos, elevados, santos...
¿Oración o lectura?
No conviertas la oración en lectura: el libro te impediría orar.
Si no puedes otra cosa, haz lectura meditada: poca dosis de lectura y mucha de reflexión.
Sigue la pauta del libro o del apunte, pero en atarte: solo en la medida en que ti ayuden.
Si puedes prescindir de ellos, mejor: da vuelo a tu pensamiento y a tu corazón. Comunícate, ora, ama.
Finalmente...
Si quieres avanzar en la oración, se mortificado.
Tu oración ha de ser dialogo y no monologo.
Mas que hacer actos de oración, aspira a vivir en estado de oración.
Ten confianza en Dios: mírale como Padre.
Busca en todas las cosas a Dios con paz.
Así iras hallando tu comino en la oración.
(9) Op. cit.
